Ayer leí un libro. Un libro que normalmente no se lee en una tarde. Un libro grande y largo donde se enlazan a la perfección las distintas historias.
Lo más llamativo del libro eran sus páginas, finas como la película de pintura que deja el carmín en tus labios. Si las letras fueran más grandes y las páginas más anchas no hubiera podido comprarme el libro.
La obra estaba dividida en dos actos; uno nuevo y otro antiguo. Cada uno especial.
Todo empezaba con dos personajes: un hombre y una mujer. La historia avanzaba con las nuevas generaciones; con los hijos, los nietos, con los nietos de los nietos... y así hasta llegar a la segunda parte. Donde, con gracia y ligereza, se narra la vida de un joven muchacho a partir de cuatro versiones parecidas.
Hoy tuve un sueño. Un sueño de amor y destrucción donde yo era el ilusionista que movía los hilos de unos muñecos rebeldes.
Primero apareció tierra, con ella el cielo y el agua. La luz. Los animales siguieron. Había muchas mariposas distintas... Como es mi sueño, reinan mis gustos.
Divisé un jardín con altas murallas que le separaban de los otros parajes. En la puerta habían gravados de querubines. Dentro había dos jóvenes, como en el libro que leí (¿Tanto influye la realidad a los sueños?). No se porque, mi mano pasó por encima del jardín y este, se derrumbó.
Desperté en mi cama, sudando. ¿Había matado a los habitantes del jardín? Necesitaba continuar soñando.
De nuevo en mí mundo vi nacer un niño. El niño creció y se convirtió en una esperanza junto a doce amigos, u once, inseparables. Mas, de nuevo, mi mano se posó encima de aquello que yo contemplaba con devoción y lo destruyo. El que decía ser mi hijo fue colgado de una cruz y desperté.
Cuando el sudor frío se fue, la nube de sueños me engulló y soñé por última vez.
Mí mundo había cambiado. Ya no estaba solo en lo alto de la creación... Unos pájaros de metal, que yo no había visto crear, cortaban las nubes. En su plumaje aparecía un símbolo de mi sueño anterior, una cruz con cuatro piernas.
Sus excrementos, al caer al suelo, creaban caos, destrucción, sufrimiento, dolor. Y pensé: ¿Estas son entes nacidas un día de mí? ¿Fui yo y no mi mano quien mató en el primer sueño? Si soy el ser perfecto de este mundo; ¿Por que obro sin pensar? Y desee despertar.
Cuando desperté mis ojos se negaron a obedecer y Dios me empujó al sueño, y como esclavo suyo me limité a su voluntad, obedecí.
Volví al... ¿inicio? Tierra, el cielo y el agua. La oscuridad. Nubes de metano y oxido de azufre. Dióxido de carbono. Hay un hombre, un superviviente, esta leyendo un libro de finas hojas y pequeña letra. En el lomo se distingue la palabra "Sagrada"...
No se porque no pude despertar esta mañana. ¿O fue ayer? El tiempo se relativiza... Y ahora él esta durmiendo.

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