Títeres manchados

Títeres manchados
esquivando los charcos,
llorando a su amo,
llamando a la muerte,
orando su alma...
Con este poema malo pretendo introducir una pequeña historia, de, quizás, una larga lista, que dice así:
Érase una vez en un tiempo no muy lejano y en un lugar indeterminado, una gran ciudad llamada "Narba". En esa gran ciudad había una pequeña tienda donde un hombre no muy mayor construía juguetes.
Un día, como cualquier otro y a la misma hora que los demás, entró a la tienda la joven muchacha llamada Tod. Le traía un nuevo vestido para la nueva muñeca, que en breve estaría acabada.
-¿Té gusta este nuevo vestido?
-Tod, yo no te había pedido esto...
-Ya, perdona, es que cuando vi a la Reina la última vez, me quedé con las ganas de coser un vestido como el suyo...
-Bueno... Ahora no es esa la idea que tengo para la nueva marioneta... Pero para la próxima lo utilizaré. Ahora lo que necesito, y cuando antes mejor, es un vestido sencillo, de campesina, un vestido como el tuyo.
-¡Perdona! yo no soy una campesina...
-Ja, ja, ja. Bueno... ¿Lo tendrás mañana?
A la mañana siguiente, ya no era un día cualquiera... Tod no llego a su hora, y en su lugar apareció una cesta en frente la puerta. Dentro la cesta había un vestido de campesina. Él, al verlo, lo entró y, en el almacén de la pequeña tienda, lo colocó al nuevo títere...
-Ya se que no recuerdas aquel día, en el que, sin querer, te robé la belleza. Por eso ya no me amas, aunque no lo recuerdes. No recuerdas nada, porque yo te lastimé... Pero ahora eres mía, de nuevo. Tod, nunca me has amado siendo de carne, quizás ahora siendo de plásticos y metales...
-Quizás, quizás...
Pero él no sabía que la joven campesina había entrado sigilosamente al almacén, intentando ser la primera en ver la nueva maravilla de su querido, y menos sabía que ella recordaría lo que pasó "aquel día", y menos aún que le abrazaría...
La mañana siguiente continuó sin ser un día cualquiera... El constructor de preciosas marionetas de esbeltas figuras que, si mirabas de reojo, parecían bellas mujeres, apareció muerto en el almacén de su pequeña tienda.
En los periódicos decía que la muerte había abrazado al juguetero.
